Cuando uno más uno suman tres

Albert Díaz Caro

Las matemáticas no son una ciencia exacta. Llevamos años aprendiendo a sumar, a restar e incluso a hacer operaciones bastante complejas que tampoco nos servirán para mucho el día de mañana. Hay momentos en los que uno más uno suman dos, y la lógica nos remite a una simplicidad práctica. No puede haber otra sintonía. No puede haber otra respuesta. Es absurdo pensar que podría dar otro resultado.

Algunos hablan de universos paralelos o de otras dimensiones, pero no va más allá de una ciencia basada en el amor y en la que reina la capacidad de dejarse llevar. ¿Una ciencia emocional tocando con la punta de los dedos a la racionalidad y lógica de las matemáticas? ¡Tú estás loco! Puede ser; no lo niego. Lo que sí tengo claro es que las incógnitas se despejan una vez pierdes el miedo a sentir, el miedo a comunicar, el miedo a hablar.

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A los que siempre suman…y no lo saben

Albert Díaz Caro

Queridos… vosotros… daos por aludidos; por una vez en vuestra vida podéis respirar estas palabras de admiración, de respeto, de grandeza, de idealización. Porque haberlos, haylos; yo me he cruzado con ellos.Featured image

Se disfrazan de personas comunes y fingen sentirse lejos de ti con días, semanas, meses y todo tipo de excusas espacio-temporales para hacer ver que no están. Una táctica sublime que les hace pasar desapercibidos en la vida de los demás.

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Camino a Ítaca

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

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Tan solo tomando todo de mis padres puedo pasar la vida a mis hijos

Albert Díaz Caro

Nos empeñamos tantas veces en mirar y recrearnos en los problemas que tenemos con nuestros hijos que otras tantas dejamos de ver las señales que éstos nos están transmitiendo. No entendemos el porqué de sus actitudes, de su bajo rendimiento, de su resignación o de su ímpetu. Se nos hace cuesta arriba la educación sin saber cómo abordar el día a día. Y tal vez, en el devenir de las irritaciones y quebraderos de cabeza, nos vemos reflejados en ellos. “Realmente, yo actué de esta manera con mis padres” o “yo educo así a mi hijo porque mis padres hicieron todo lo contrario y lo hicieron mal”. En algún punto podemos encontrar cierta relación con aquello que nosotros recibimos en su día de nuestros progenitores. Estados de consciencia que se nos despiertan de vez en cuando y que nos dan un poco de luz al camino que tenemos con nuestros pequeños. Y es ahí donde valoramos que tal vez el foco está mal enfocado.

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